“La pista de baile es el espacio donde por primera vez me he podido sentir completamente libre y en conexión conmigo mismo”, nos cuenta Alejandría Cinque en esta entrevista. Nos encontramos constantemente buscando nuestro sitio en este mundo y parece ser que el artista ha sabido encontrarlo y hacer de él un espacio seguro y libre donde expresar su pérdida de fe en la humanidad y reflexionar sobre un futuro que se presenta como ilusorio. Con una trilogía de performances convertida en un LP y la creación de un espacio seguro como es El Puñal Dorao, el artista multidisciplinar nos presenta su primer videoclip, Siren Rave.
Después de entregarnos las performances de La trilogía de la noche (After, Cruising y K-Hole), Alejandría decidió plasmar esta experiencia en un LP y ahora nos sorprende con su primera producción visual, Siren Rave, que forma parte del tercer y último capítulo, K-Hole. Este videoclip nos transporta a la Laguna de las Sirenas que se encuentra en un mundo distópico devastado por la crisis climática y los caprichos de los seres humanos. Los cánticos de las sirenas parecen contener la clave para la salvación del planeta.
La cultura club juega un rol importantísimo: desde tus inicios como DJ hasta fundador de El Puñal Dorao. ¿Qué importancia tiene la pista de baile como espacio más allá de lo físico en tu arte y en tu vida?
La pista de baile es el espacio donde por primera vez me he podido sentir completamente libre y en conexión conmigo mismo. Si eres una persona como yo, con falta de creencias y has perdido la fe en el ser humano, es difícil encontrar espacios donde entrar en conexión con tu espiritualidad. La pista de baile es un espacio en el que conviven la superficialidad máxima con una espiritualidad casi religiosa. Es el lugar en el que por primera vez me sentí verdaderamente libre.
Después de vivir una infancia complicada creciendo en una familia desestructurada y una adolescencia sin referentes queer en mi entorno, la primera vez que salí de fiesta por Madrid de la mano de mi amiga Inés se me abrieron los ojos, los chacras, el ano y el alma al descubrir un mundo completamente nuevo, repleto de posibilidades inimaginables en mi vida de extrarradio. Y es que somos muchas las que en algún momento de nuestra vida hemos encontrado en la noche otras formas de relacionarnos, de experimentar y de conocerse a uno mismo. La libertad que te da la magia del club con todo su artificio difícilmente la puedes encontrar en la rutina del día a día.
La noche es para las aventuras, y la pista de baile es el punto de encuentro para todas aquellas almas perdidas que necesitan conectar con amistades superficiales, con amantes esporádicos o encontrando la paz en tu interior disociada perdida bailando techno.
Después de presentar las tres performances After, Cruising y K-Hole, te pusiste a trabajar en la producción para lanzarlo como LP. ¿Cómo está siendo este proceso?
Está siendo un proceso lento y bonito, lleno de aprendizaje. Desde que comencé la producción de las tres performances, cuyo hilo narrativo son tres DJ sets, tenía clara mi intención de llegar a componer yo mismo todos los tracks de las pinchadas. En su momento no tenía nociones musicales, pero ya llevo varios años estudiando y adquiriendo experiencia y, poco a poco, me voy sintiendo con más confianza para poder ir mostrando mis producciones. Ahora, por ejemplo, estoy empezando a publicar pildoritas de las bandas sonoras como el track Siren Rave, que forma parte del tracklist de K-Hole.
¿La creación de los videoclips es una manera de reflejar los shows performativos más allá de los teatros/salas?
Las artes escénicas son una disciplina muy mágica y poderosa pero con muchas limitaciones. La energía humana, el despliegue técnico y la inversión económica que hacen falta para poder llegar a estrenar una pieza hacen que cada representación sea todo un acontecimiento. Y tal y como está montada la industria, girar las obras es una labor titánica, por lo que producciones experimentales como las que yo propongo en La trilogía de la noche rara vez se pueden llevar a cabo. Esto provoca que muy poca gente pueda tener la ocasión de asistir a las funciones. Esta circunstancia hace que cada representación sea increíblemente especial y única, pero a su vez es un derroche absoluto y una forma de trabajar y producir muy poco eficiente y rentable.
La publicación de videoclips de las canciones que forman parte de las bandas sonoras de las piezas es una estrategia para compartir el material escénico en un formato mucho más fácil de consumir y difundir. Los vídeos funcionan como pequeñas cápsulas a modo teaser en el que me puedo permitir desplegar todo el imaginario de La trilogía de la noche. El vestuario, la música, la coreografía, el elenco y la iluminación son elementos que entran en juego buscando también la forma de potenciar los contenidos en un trabajo muy interesante de traducción de lo escénico a la videocreación.
A la vez que compones, ¿construyes el discurso e imágenes para una creación escénica? ¿Se entiende una sin la otra?
No sé si tendrá que ver el hecho de que yo venga de las Bellas Artes, pero todo mi proceso creativo parte desde la construcción de imágenes. Todo lo demás son herramientas que me ayudan a edificar. Estos artefactos, busco que funcionen independientemente a los proyectos de tal forma que, con la producción de cada performance, genero un montón de contenido satélite que orbita alrededor de lo escénico. Me interesa mucho diversificar los materiales y que existan múltiples formas de disfrutar de mi trabajo, así como elaborar múltiples capas sobre las que el espectador puede profundizar.
No creo que sea necesario llegar a descubrir o entender el discurso de las piezas para disfrutar de la experiencia estética de las mismas y viceversa. Por ello me interesa mucho el proceso que estoy haciendo de insistencia en estos tres capítulos de La trilogía de la noche, ya que cada uno de ellos se puede consumir como ensayo, como pieza escénica, como LP o como película.
Con K-Hole experimentas diferentes fantasías distópicas. ¿Cuál es el imaginario que envuelve el sonido y estética de este proyecto?
La premisa del tercer y último capítulo de la saga fue imaginar un posible futuro de la escena club que habito. Todas mis producciones están muy condicionadas por mi percepción del mundo, y en este ejercicio de mirar al futuro en tiempos de pandemia y guerras ha sido ineludible hacerlo atravesado por un profundo sentimiento pesimista. El imaginario que surge es inevitablemente distópico; cuando ya se ha perdido toda esperanza.
Para guionizar la performance y diseñar el imaginario, decidí situar la acción en un contexto propio de la ficción como es El país de nunca jamás, pero en lugar de imaginarlo como ese territorio de cuento infantil de color y fantasía, he querido representarlo como un lugar hostil, devastado por la crisis climática y las malas decisiones de una sociedad tóxica. Todos estos planteamientos son recursos escénicos que voy elaborando con la intención de buscar nuevos caminos para reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo y cómo nos relacionamos con nosotros mismos y nuestro entorno.
Una de estas distopías es el ataque a la Laguna de las Sirenas y cómo ellas intentan luchar con sus cánticos contra el mal de los seres humanos a su hogar, el océano. ¿Esa es la historia detrás de Siren Rave?
Siempre me ha fascinado el mito de la sirena y el contraste e interpretaciones en su forma de ser representada según la cultura. En algunos relatos se habla de la sirena como el ser más bello del mundo capaz de seducir a todo marinero, y en otros se describe como un terrorífico monstruo marino. Ambas facetas me resultan superinteresantes como cualidades, y su naturaleza híbrida o mutante, donde no queda claro la frontera entre lo terrenal y lo fluido, me ayuda mucho a entender la complejidad y belleza de las vivencias queer.
El mito de la sirena ha sido utilizado por la comunidad LGTBQ+ para nombrar al género fluido y me parece muy interesante plantear esta Laguna de las Sirenas de un fin del mundo donde solo ellas tienen la clave para la salvación y nos lo cantan desesperadamente con un grito desgarrador. Para curar el mundo debemos entendernos como una sociedad fluida, queer, donde la piel no sea la frontera de nuestro cuerpo sino sentir el entorno como parte de nuestra identidad.
En el videoclip de Siren Rave vemos el cuerpo entendido como arcilla moldeable, sirenas gender-fluid, así como reminiscencias religiosas. ¿Qué significación tienen estos elementos? Explícanos un poco sobre el proceso creativo.
Con este videoclip me interesaba mucho hacer un primer ejercicio modesto de traducción de lo escénico al vídeo. Para esta primera inmersión en el medio audiovisual, me junté con la productora de cine Arriguri y decidimos seleccionar unos pocos elementos de la performance y jugar con el simbolismo libremente sin pretender hacer una representación literal de la pieza. El moldear el cuerpo libremente es uno de los conceptos clave de K-Hole y es el motivo por el que las cerámicas que produje con la ayuda de Polychrome Studio va acompañando a los personajes. Son las sirenas las que a través de un ritual iluminan a los niños perdidos para expandir su idea oprimida de cuerpo.
¿Podremos seguir viviendo tus performances? ¿En qué producción audiovisual te encuentras ahora?
¡Yo estoy haciendo todo lo posible! Hace un mes pude volver a representar After, el primer capítulo de La trilogía de la noche. Hacía tiempo que tenía ganas de retomar esta pieza y estrenarla con una producción mayor, y poder hacerlo en el teatro de La Casa Encendida ha sido un sueño. ¡Hicimos sold outt en quince minutos! Actualmente estoy trabajando en colaboración con la fotógrafa Laura San Segundo en la producción de un proyecto híbrido entre fotografía y performance que verá la luz a finales de mayo en el contexto del festival PhotoEspaña.
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